En general podemos notar que utilizamos como sinónimos términos como: “inteligencia”, “mente” e incluso a veces, “espíritu”.
En el caso de espíritu, esta palabra, incluso en escritos especializados, como reemplazo o sinónimo del término “inteligencia”, creando, a mi entender, una confusión lamentable.
La inteligencia, en mi opinión, y gracias a un esfuerzo de observación consciente y de experiencia vivencial, es una propiedad o cualidad propia de cerebros tanto humanos como animales, que han tenido como consecuencia de la evolución, unos más que otros, un desarrollo mayor que el de otras especies.
Valga la frase tan común: “que animal tan inteligente”, frase que es pronunciada en forma un tanto irreflexiva por la gran mayoría de nosotros (pero al final de todo, no muy equivocada) al referirse a uno de esos animales domésticos (gato o perro) o más independientes como el caballo, que nos sorprenden realizando acciones de un grado de complejidad que hace pensar se trate de algo que ha sido previamente pensado o “razonado”, cualidad esta última, considerada exclusiva del ser humano.
Podríamos concluir entonces, por todo lo expuesto anteriormente, que la inteligencia es una propiedad que comparten los seres según su origen, complejidad genética y sobre todo al peculiar grado de evolución que ellos han tenido.
Pero si bien la frase mencionada es común y podría tener un cierto grado de exactitud, no es posible, creo yo, pronunciar con la misma facilidad o creyendo decir algo correcto, al reemplazar el término “inteligencia” por el de “mente”.
Dicho esto, sostengo que la mente es una cualidad (o propiedad) exclusiva de los seres humanos, así como la razón, lo que hace posible el extraordinario cuanto inexplicable proceso llamado reflexión y ser por ello conscientes de su condición y de sus posibilidades y limitaciones (esto lamentablemente solo en reducido número), el de ser conscientes de sí mismos, ser imparciales y objetivos y finalmente capaces de distinguir, por sobre los usuales condicionamientos, lo real en los hechos y en las cosas.
Pero esa cualidad, la razón, está sujeta, como todo en el universo, a la dualidad o sea al hecho inevitable de tener y/o generar lo opuesto y esto tiene como consecuencia que a la cualidad y posibilidad de ser razonable o racional, se opone la de ser reactivo o mecánico y es precisamente por ello o en esos casos, que el ser humano actúa como un ser irracional cometiendo actos propios, ni siquiera de un animal, si no a los de una bestia enfurecida.


Comentarios recientes